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sábado, 11 de abril de 2020

HIPNOSIS, VIAJE AL FONDO DE LA MEMORIA


En los últimos meses el SAMUR de Madrid tuvo que intervenir para socorrer a una mujer que no podía despertar en un espectáculo de hipnosis; un abogado es condenado a 12 años de prisión en EEUU por hipnotizar a sus clientas para abusar sexualmente de ellas y la policía británica dio a conocer un vídeo de seguridad de un atraco cometido con hipnosis. La desclasificación, en enero de este año, de millones de documentos de la CIA revela que la agencia de inteligencia norteamericana llevaba experimentando con ese lado oscuro de la hipnosis desde los años 60… ¿Puede nuestra mente ser hackeada a través de la hipnosis?


Todos estábamos expectantes. Como ocurre en todas las hipnosis regresivas. Bucear en la mente de un testigo, intentando recuperar de su memoria un tiempo perdido tras una experiencia paranormal, siempre resulta estimulante, porque nunca es posible predecir que nos vamos a encontrar.

El médico e hipnólogo Javier Akermán, de la Clínica Servet de Vigo, ya había colaborado con nosotros en casos anteriores, con resultados impecables. A mi lado, el excepcional investigador Carlos Fernández seguía la inducción hipnótica con la misma concentración que yo mismo.

Habíamos interrogado a los dos protagonistas del caso mucho tiempo antes. José Luis Pérez y Rodrigo Freitas, ambos profesores de artes marciales, habían sufrido un incidente extraño en enero de 1996. Regresaban por la autovía de Madrid en dirección a Vigo cuando, al filo de la una de la madrugada, y pasado Benavente, Rodrigo sintió una sensación extraña en la columna vertebral:

“…algo parecido a cuando te acercas a una pantalla de televisión y se te erizan los cabellos, a mí me parecía que tenía una araña o algún bicho en la espalda”.

La sensación fue lo suficientemente llamativa como para que Rodrigo encendiese la luz interior del coche para examinarse la espalda, pero no vio nada extraño.

Quizás fue sugestión, pero de pronto José Luis sintió la misma sensación recorriéndole la columna. Y justo en ese instante ambos se dieron cuenta de que algo había cambiado a su alrededor…

Según su relato, de pronto el asfalto de la calzada era más irregular que un segundo antes, y a ambos lados de la carretera se alzaban unas enormes montañas. No sabían donde estaban. Pero el desconcierto se tornó inquietud cuando vieron un cartel indicador al lado de la autovía que ya no era tal:

“El cartel decía que estábamos a 53 kilómetros de Monforte de Lemos, en Lugo. Habíamos recorrido 200 km en segundos”.

Los dos profesores de artes marciales se encontraban en un lugar conocido como viaducto de San Martiño, en una carretera nacional, y muy alejados de la ruta que habría de llevarlos a Vigo. Lo extraño es que para llegar allí, tendrían que haberse desviado de la autovía en A Gudiña, tomar una carretera comarcal durante unos 70 kilómetros hasta llegar a la localidad de A Rúa do Petín, y en este punto tomar la N- 525, para terminar bastantes kilómetros más adelante en el viaducto de San Martiño.

“Estuvimos mucho tiempo parados, sin atrevernos a salir del coche ni a reemprender la marcha, estábamos muertos de miedo y con un shock terrible. De regreso no pasamos de los 80 Km./h”.

Afortunadamente conseguimos convencerlos para someterse a una sesión de hipnosis regresiva con la intención de explorar ese “mising time” en su memoria. Todos estábamos seguros de que la regresión rescataría algún tipo de encuentro OVNI o abducción, como ha ocurrido en infinidad de casos similares.

Los detractores de la hipnosis afirman que los casos de abducción rescatados a través de la regresión son fabulaciones del testigo, y es posible que tengan razón, pero solo cuando el hipnotizador es un incompetente.

A pesar de nuestras expectativas, y como ya había ocurrido en casos similares de “tiempos perdidos” en testigos de supuestos fenómenos anómalos, en los que Javier Akerman realizó una regresión nuestra a petición mía, no se produjo ninguna fabulación. Akerman medía con pericia las preguntas, teniendo un exquisito cuidado de no incluir en ellas ningún elemento o palabra que pudiese enriquecer los recuerdos de los testigos. Y estos se limitaron a repetir, poco más o menos, lo que nos habían relatado en estado de vigilia. 

No. La hipnosis, realizada con rigor, no tiene porque falsear o crear recuerdos que no existan… a menos que la intención del hipnólogo sea implantar falsos recuerdos, y el caso Pérez/Fariñas es un buen ejemplo. Por eso, en los últimos años, neurólogos y psiquiatras han retomado las investigaciones neurocientíficas de la hipnosis. Porque durante el trance, algo sorprendente ocurre en los cerebros de los sujetos como José Luis y Rodrigo, que amablemente se someten a una regresión hipnótica para recuperar algo oculto en su memoria…


viernes, 10 de abril de 2020

HIPNOSIS: EL SÍNDROME DEL FALSO RECUERDO


En cuanto el hipnólogo José de Zor comenzó la inducción, yo encendí la cámara de vídeo y empecé a grabar. En el sofá, cómodamente sentado, se encontraba un joven piloto de combate del Ejército del Aire español que había sufrido una experiencia traumática poco tiempo antes… durante unas maniobras aéreas su avión había colisionado en el aire con el de un compañero. El joven piloto había salvado la vida milagrosamente al conseguir saltar en paracaídas en el último instante, pero su compañero había fallecido en el accidente. Ahora, acudía a la hipnosis porque intuía que la noche anterior había ocurrido algo extraño, y tenía razón…


Yo fui testigo, y mi cámara también, de cómo José de Zor rescató de la memoria del joven piloto de combate un extraño encuentro que habría vivido la noche antes del accidente. Un encuentro con un misterioso personaje que, según sus recuerdos, le habría advertido del traumático destino que se avecinaba… ¿Pero reflejan esos recuerdos un acontecimiento real?

Incluso los hipnólogos especializados en regresión, como José de Zor o el veterano Horacio Ruiz, autor de varios ensayos sobre la hipnosis regresiva, y alguna de cuyas sesiones también hemos presenciado, son cada vez más prudentes ante los nuevos descubrimientos que la psicología está realizando sobre los procesos de elaboración de la memoria. Incluyendo el FMS.

El síndrome del falso recuerdo (FMS o False Memory Syndrome) es un término creado por la psicóloga estadounidense Dra. Elizabeth Loftus, para definir el proceso de “enriquecimiento de la memoria” con imágenes mal interpretadas, prejuicios o ideas, que terminan afianzándose en la misma como si fuesen recuerdos reales. Por ejemplo: “un niño puede recordar a su padre de pie, junto la mesa, con expresión de ira y un cuchillo en la mano vociferando a su madre que parece asustada… Este recuerdo podría ser parcialmente real, pero se trata de fragmentos de una fiesta de Acción de Gracias: el padre está cortando el pavo y cantando en voz alta, y la madre grita al perro para que esté quieto. Pero posteriormente ese fragmento de recuerdo puede ser interpretado como que papa fue violento y mamá siempre tenía miedo de él”. Por eso la Dra. Loftus advierte sobre el peligro de las técnicas de regresión, a través de hipnosis, rebirthing, etc, que mal ejecutadas pueden, no solo no recuperar recuerdos reales, sino implantar falsos recuerdos.

El 9 de enero de 1986, y tras una vista preliminar de 18 meses, un juez de California decidía procesar a Virginia McMartin, de 77 años, y a su hija, nietos y tres cuidadoras de la escuela infantil que McMartin dirigía en Manhattan Beach (Los Ángeles), acusados de 135 cargos de abuso sexual a menores. Cargos agravados por las descripciones realizadas por los testigos, que “recordaban” sacrificios de animales e incluso de bebés, torturas y rituales satánicos mezclados con esos abusos sexuales. El mediático juicio quedó visto para sentencia en 1990, sin una sola condena judicial, aunque los acusados viesen estigmatizadas sus vidas para siempre tras aquellas acusaciones.


El caso McMartin fue solo la punta de iceberg. Durante los años 80 EEUU vivió una auténtica psicosis denominada “epidemia de ARS” (Abuso Sexual Satánico), cuando hipnólogos incompetentes, terapeutas irresponsables y supuestos expertos en regresión, comenzaron a recuperar de la mente de personas obsesionadas o traumatizadas, supuestos recuerdos de abusos sexuales durante ritos satánicos, que habrían sufrido en su más tierna infancia. Todos resultaron falsos. Sin embargo numerosas familias norteamericanas fueron destruidas por esa epidemia de falsos recuerdos, que se contagiaban, a medida que llenaban titulares sensacionalistas, extendiéndose como un virus.

Esta terrorífica historia inspiró a Alejandro Amenabar su última película “Regresión”, protagonizada por Enma Watson, y a la Dra. Elizabeth Loftus la False Memory Syndrome Foundation (FMSF), una organización que acoge a los padres, familiares y acusados por falsos recuerdos rescatados, es decir, fabulados, a causa de regresiones irresponsables. Por esa razón, en este tipo de experiencias, el análisis crítico no solo debe enfocarse en la credibilidad del sujeto que supuestamente recuerda sucesos olvidados en su memoria… sino, sobre todo, en la profesionalidad y rigor del hipnólogo que realiza la regresión.

Además la prudencia, y el sentido crítico en relación a los recuerdos recuperados con hipnosis, se han radicalizado con los últimos estudios científicos en torno a la neurología de la memoria. Ya que lo que recordamos de nuestro pasado no es lo que ocurrió… sino lo que imaginamos que ocurrió.

La canadiense Julia Shaw, del departamento de leyes y ciencias sociales de la London South Bank University, ha revolucionado la historia del derecho y la criminología al demostrar experimentalmente que los interrogatorios policiales han generado confesiones de delitos que nunca ocurrieron.

“Un recuerdo es una red neuronal en nuestro cerebro -explica Shaw-. Estas redes se actualizan constantemente permitiéndonos aprender nuevas habilidades y resolver problemas similares a través del tiempo. Esta característica es lo que hace de la memoria algo dinámico y manipulable. Cada vez que cuentas una historia cambia el recuerdo que se tiene de ella. Añadir o modificar algunos detalles o circunstancias la transforma por completo… En el laboratorio, convenzo a muchos de haber cometido crímenes que ni siquiera sucedieron hackeando sus recuerdos. Lo hago para demostrar que un interrogatorio puede distorsionar de manera consistente la memoria. Se trata de provocar una confusión entre lo que imaginan y lo que recuerdan”.

Durante el experimento, Shaw sentencia a los sujetos del estudio que puede probar que han cometido un delito, que ha hablado con sus padres, hijos, vecinos y ellos se lo han confirmado. Añade detalles personales que incluye en la conversación, así como detalles sobre la vida de la persona: sus mejores amigos, la escuela a la que iba, etc. Los hace imaginar una y otra vez las circunstancias del supuesto crimen. Después de algunas sesiones, los sujetos empiezan a afianzar el falso recuerdo llegando a confesar un crimen que nunca ocurrió.

Esto, además de poner en entredicho la fiabilidad del testimonio como prueba judicial, ha reabierto la polémica sobre experiencias extraordinarias, como reencarnaciones pasadas, abducciones extraterrestres, etc., cuyo único elemento probatorio eran las hipnosis regresivas. Así pues los trabajos como los del experto en abducciones Bud Hopkins, que recuperó cientos de supuestos raptos extraterrestres a través de la regresión hipnótica, deben ser revisados. “Es posible que lo imaginaran frecuentemente –dice Shaw al respecto de las abducciones- tuviesen un sueño o lo vieran en una película. Esto basta para que comiencen a creer que es real y les pasó a ellos”. Aunque justo es reconocer que no todos los casos de abducción se limitan a un testimonio humano, y menos aún a una regresión hipnótica.

Para Shaw la realidad es pura percepción. “El mundo que experimentas sólo existe para ti en ese momento. Cada día despiertas siendo una nueva persona con un cerebro completamente distinto. Todos los recuerdos son, en parte o esencialmente, falsos. Hay experiencias enteras que nunca sucedieron”. 

Hackeando el cerebro

Y es que, a pesar de todos los estudios neurocientíficos, y de la insistencia con que los hipnólogos e hipnoterapeutas insisten en que la hipnosis es una técnica segura y rigurosa, lo cierto es que las noticias desconcertantes se amontonan en la hemeroteca.

El pasado febrero, por ejemplo, el Servicio de Asistencia Municipal de Urgencia y Rescate de Madrid recibió una de las llamadas más insólitas de su historia. Debían acudir al Palacio de la Prensa, donde se celebraba el espectáculo Mentalismo en el cine, porque una mujer se había quedado “atrapada en un trance hipnótico” y no podía despertar.

El conocido mentalista Pablo Raijenstein, hipnotizador de escenario e ilusionista, es un profesional veterano, sin embargo ni sus años de experiencia pudieron evitar que una de las asistentes como público entrase en un estado del que, ni siquiera él, era capaz de despertarla.

Hasta tres unidades del SAMUR fueron necesarias para sacar a la mujer del trance. "Las dos primeras –declaró el hipnotizador- no sabían muy bien cómo afrontarlo. Me dijeron que era el caso más extraño que habían tenido. Les conté lo que sucedió y le intentaron reanimar pero nada. Creían que podía ser un caso patológico y que ella quisiera llamar la atención. Pero, al final, vino un coche de una unidad psiquiátrica que logró que empezase a andar, pero se movía como un zombi. Así que decidieron llevarla al hospital".

Casos como este sugieren que nuestro cerebro es mucho más maleable e impredecible ante los estímulos hipnóticos de lo que podemos imaginar. Y eso nos hace vulnerables.

Uno de los episodios más extraordinarios e inquietantes que quien esto escribe ha tenido la oportunidad de recoger es la experiencia de T.

T. es una mujer culta y sofisticada, que colaboró con José Luis Jordán Peña en la elaboración del fraude OVNI más sofisticado, longevo e influyente de la ufología hispanohablante: UMMO. 

T. era una de las responsables de enviar, desde los diferentes países por los que viajaba, las supuestas cartas ummitas que Jordán Peña redactaba y le entregaba previamente. Sin embargo T. no era totalmente responsable de su colaboración en el fraude. Ante una serie de problemas psicológicos decidió acudir a la consulta de Isidro Pérez, psicólogo y presidente de la Sociedad Hipnólogica Científica, con quien nos reunimos durante una de las ramificaciones de nuestra investigación sobre el asunto UMMO. 

Según nos explicó Pérez, durante el tratamiento a T. descubrieron que Jordán Peña, psicólogo especializado en hipnosis y responsable de algunas de las regresiones hipnóticas a abducidos españoles como Julio F., había implantado a su colaboradora falsos recuerdos para afianzar sus creencias ufológicas. Una de las páginas más incómodas, crueles y desagradables que nos hemos encontrado en la investigación del asunto UMMO, pero que ilustra perfectamente que no solo nuestra propia mente puede crear falsos recuerdos… también pueden ser implantados desde el exterior. 




¿QUIÉN FUÉ CARLOS CASTANEDA?

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