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jueves, 16 de abril de 2020

LA BRUJERIA: UNA REALIDAD SOCIAL DEL SIGLO XXI



Que funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía detengan a proxenetas africanos que utilizan la brujería para amedrentar a las prostitutas traficadas en Europa es habitual. Que agentes de la Guardia Civil abran una investigación sobre los restos de rituales mágicos encontrados en un cruce de caminos, cerca de una iglesia o cementerio, es ya rutinario. Casi cada semana se encuentran evidencias de ritos de santería, candomblé, umbanda o vudú en diferentes poblaciones españolas.


Sin embargo lo que la policía de Sharjah, uno de los siete Emiratos Arabes del Golfo Pérsico, se encontró en una playa el pasado 29 de octubre, resulta extraordinario. En un país donde la brujería está castigada con la pena de muerte, alguien dejó en las playas de Sharjah los restos de un ritual de brujería. Un melón, cubierto de un encantamiento escrito en árabe, con la caricatura de la víctima del maleficio, y clavos y uñas insertados en el fetiche, desafiaba a la Ley árabe que condena a muerte a los brujos en el siglo XXI.

Solo un mes y medio más tarde, en el otro extremo del mundo, el Gobierno de Ruanda ilegalizaba también la brujería, después de que, el pasado 16 de diciembre, se produjese un espectáculo asombroso, ante las cámaras de TV que retransmitían el partido de fútbol entre el Mukura Vctory y el Rayon Sports, de la Premier League.

En el minuto 38 de la segunda parte, el delantero visitante Moussa Camara remató al larguero. Frustrado, se acercó a la portería y dejó un pequeño objeto en la base del palo para hechizar la portería. En el minuto 52 de la segunda parte Camara remató de nuevo a puerta pero esta vez marcó gol. 

La Federación ha anunciado, para asombro de los escépticos, que impondrá sanciones de tres partidos y multas de 100.000 francos ruandeses a los jugadores que utilicen la brujería en el campo, de cuatro jornadas y 200.000 francos ruandeses a los entrenadores. Además, a los clubs implicados se les restarán tres puntos, más una multa de 2.9 millones de francos ruandeses.

Moussa Cámara ha protagonizado la última portada en los informativos al vincular la brujería y el futbol. Antes que él fueron entrenadores de las selecciones mexicana o francesa, como Ricardo La Volpe o Raymond Domenech, quienes generaron titulares al descubrirse que consultaban con sus brujas o astrólogas de cabecera cada partido importante.

También conocido es el caso del delantero del Chelsea, el rumano Adrian Mutu, que advertido por unas brujas de que una antigua novia le había echado un maleficio, siempre sale al campo con un ritual de protección y unas hojas de albahaca escondidas en las botas…


Las extrañas creencias de deportistas de élite, en brujas y hechiceras no se limita al fútbol. En 2002 generó mucha polémica la dependencia que tenía el esquiador de élite Juanito Muehlegg de la curandera portuguesa Justina Agostinho.

Todo ello demuestra que, creamos o no en ellas, la brujas, haberlas haylas. Y en el siglo XXI más que nunca. 

Las mujeres de conocimiento en distintas religiones:

CHAMANAS, MEIGAS, MAIS DE SANTO, MAMBOS… BRUJAS

Durante mis viajes he tenido la oportunidad de conocer personalmente a diferentes mujeres de poder, guías espirituales en sus diferentes comunidades, que practican una forma u otra de brujería, dependiendo de su contexto cultural.

Doña María:

En Haití las mambos son la contraparte femenina de los houngan (sacerdotes) o los bokor (hechiceros). Doña María lidera, como todos los houngan, una gran comunidad de creyentes, entre los que encontré líderes políticos, militares y policías. Además de las mambo (sacerdotisas), las hounsi o bailarinas oficantes en los rituales de vudú haitiano hacen el papel de médiums, siendo poseídas por los dioses (lóas) y transmitiendo a la comunidad sus mensajes. 

Raquel Joana: 

Como antagonista del cristianismo, y heredero de una religión lunar, lo lógico es que el liderazgo en las comunidades satánicas lo protagonicen mujeres como Raquel Joana. Sacerdotisa de una comunidad satánica en Barcelona, llegó a quedar finalista del premio literario “La sonrisa vertical”, por un libro de relatos eróticos “satánicos”. 

Rosa Sánchez:

Mi madrina en el Palo Mayombe cubano. Sacerdotisa de la Regla de Ocha (santería) y de la Regla Conga (Palo Monte), en Trinidad, Cuba, es una profunda estudiosa de la religión afroamericana, y lidera una gran comunidad de creyentes en Cuba. 

Dúzhi Ragchá:

Shamana siberiana perteneciente a la etnia tsatan. Hija y nieta de shamanas, es la mujer de conocimiento de un amplio radio de poblaciones en la frontera entre Siberia y Mongolia, donde pude asistir a algunos de sus rituales. 

Guadalupe Jiménez Sanabria:

Tambien conocida como la Generala Nanita, nació en México DF el 19 de septiembre de 1904. El padre de Nanita, don Toribio Jiménez, era un sanador que lideraba una corriente de Danza Indígena Antígua y Medicina Tradicional Mexicana, llegando a tener en su casa hasta 10 camas de hospital para los enfermos que acudían a ella en busca de sanación. Nanita heredó de su padre el liderazgo de una de las comunidades de concheros más importantes de México. 




martes, 14 de abril de 2020

EL PODER DE LA DIOSA


Gaia Soler compatibiliza una profesión de tanta responsabilidad y tan urbanita como la producción de un programa de Televisión Española, con su religiosidad como sacerdotisa de un coven de brujería en Madrid.

Heredera de una tradición belga, donde fue ordenada, Gaia acepta responder a nuestras preguntas con infinita paciencia y generosidad. 


-Hechiceria, vudú, santería, meigas, Asatru, stregeria, wicca… son tantas y tan diferentes las corrientes de brujería… ¿Qué es lo que os define como brujas?

-El culto a la naturaleza –responde Gaia Soler sin titubear-. Nosotros defendemos que es una religión, muy diferente a las religiones del Libro, porque nosotros buscamos el reencuentro con lo divino, que es la naturaleza. Nosotros creemos que toda la creación es parte de la Divinidad, y viceversa. Creemos que cada entidad tiene un espíritu con el que te puedes comunicar. Que existen muchos dioses, pero que todos ellos son caras o aspectos del Dios y de la Diosa. Y por último que la manifestación de todo es la Diosa Madre. Desde ese punto de vista es verdad que es una filosofía de vida, pero también es una religión, porque hay un corpus de creencia, porque hay una forma de relacionarse con la divinidad, aunque sea a nivel personal. Estas religiones son orgánicas. Y como todo organismo evoluciona y cambia. 

Gaia Soler se refiere a las nuevas incorporaciones que hace la brujería de nuevos conocimientos llegados de otras tradiciones. En una tradición europea, como la Wicca, por ejemplo, no causó ningún conflicto la incorporación de conceptos como los chackras o la Kundalini, de origen hinduista, cuando personajes como Blavatski o Aleisteir Crowley los exportaron desde las colonias británicas en India a principios del siglo XX. 

-No nos causó problema –me explica Gaia Soler- porque en el fondo ya existían en nuestra brujería. Si tu consultas grabados alquímicos antiguos verás que esos remolinos en la energía ya aparecían representados, aunque no los llamábamos chackras. Por eso no nos costó aceptarlos e integrarnos entre nuestras herramientas de brujería. Quien trae todos esos conceptos orientales es Aleister Crowley, que los tomó de la Teosofía. 

El gran boom de la brujería en el siglo XX se produce en los años 50 cuando la “Ley contra la Brujería” en Inglaterra es abolida. Es entonces cuando el británico Gerald Gardner compila viejas tradiciones de las religiones precristianas y trata de establecer una línea cronológica de esta religiosidad pagana desde la antigüedad hasta nuestros días. Sin embargo el mundo de la brujería es tan inmenso, intercultural y contradictorio que su línea cronológica presenta demasiadas lagunas. Algo que le reprochan sus críticos pero que aceptan sin complejo sus defensores, como Gaia Soler. 


“No existe una brujería única –explica la suma sacerdotisa Gaia-. No pretendemos que exista un linaje desde el primer chaman que hubo sobre la tierra hasta ahora. Ha habido cambios, sincretismos, cortes… la brujería es evolutiva. No podemos pretender que sea lo mismo la magia de un chaman siberiano que la de un brujo madrileño del siglo XXI. Tú haces los pactos con los espíritus de la tierra… de tu tierra, porque el brujo tiene un vínculo muy importante con la tierra, con su tierra.” 

“La imagen de la bruja removiendo el caldero está muy bien para la cultura del siglo XIV –continua Gaia Soler- porque solo tenían un fuego y un caldero, pero ahora tenemos unas herramientas muy diferentes en el siglo XXI por ejemplo el mundo de Internet. La red es otro mundo, y es un mundo que mueve mucha energía y una forma muy buena de comunicación”. 

En cuanto al estereotipo de la brujería como un culto supersticioso para ignorantes y crédulos, Gaia Soler defiende que, por el contrario, en su Coven participan científicos, intelectuales, académicos y profesionales te todos los sectores sociales:

"En los Coven te puedes encontrar botánicos, historiadores, enfermeras… y cada uno de ellos aporta nuevas cosas. Nosotros somos investigadores. Funcionamos como en ciencia: elaboramos una hipótesis, intentamos comprobar si funciona, y si funciona la incorporamos. Y si no, la desechamos. "

“Es algo parecido –añade Manuel Berrocal- a lo que ocurrió en los años 50 con los físicos que terminaron convirtiéndose en budistas porque ahí encontraban una forma de entender todos esos nuevos conceptos cuánticos que estaban encontrando. Lo mismo ocurre ahora con la brujería…”.

“No estamos en guerra con la iglesia –concluye Gaia Soler- pero queremos reivindicar la palabra bruja y distanciarla de la carga peyorativa que la iglesia católica le dio. Sobre todo porque la gente que se mueve en la brujería del siglo XXI es gente de un estatus cultural y académico alto: médicos, psicólogos, antropólogos…”.

El poder de la Diosa

Por más que algunos antropólogos, historiadores y académicos pretendan convertir la brujería en sinónimo de ignorancia y superstición, lo cierto es que no hay mayor ignorancia y superstición de quienes se erigen en representantes de Dios para perseguir, torturar y matar a las brujas.

Al igual que las meigas gallegas, las vid'mas eslavas tienen el origen de su denominación en el término “sabia”, y es que eso es lo que, en esencia han sido, muchas de esas brujas perseguidas durante siglos por el poder.

Durante años he tenido la oportunidad de entrevistar a las últimas meigas gallegas. Sabias herederas de un conocimiento que, como en el caso de las streghas italianas pasa de abuelas a madres, y de madres a hijas, y que, según me relataban mis informantes, “ahora se está perdiendo porque las chicas de ahora están mas preocupadas del móvil y de sus redes sociales que de aprender sobre plantas, remedios o tradiciones”.

Ellas han sido durante años las psicoterapeutas de sus comunidades. Las sabias consejeras capaces de ofrecer un remedio, o al menos un consuelo, a las penas de amor, salud o trabajo, al margen del poder establecidos: la iglesia. Y por eso, por competir con el poder, fueron y todavía son perseguidas.

Las brujas del siglo XXI no solo intentan reivindicar una forma de ecologismo pagano precristiano, en el que todos los aspectos de la naturaleza, animal, vegetal o mineral, merecen un mismo respeto, sino que también reivindican el lado femenino del espíritu. Y si algo ha aterrorizado siempre a los hombres, especialmente a los poderosos, es el poder femenino. Aunque ellas y solo ellas, son y serán las diosas creadoras de vida…




sábado, 11 de abril de 2020

BRUJAS: EL CONOCIMIENTO PROSCRITO



Hechiceras, chamanas, meigas, völvas, streghas, vid´mas… brujas. Sobrevivieron al Judaismo, al Cristianismo y al Islam, y a pesar de que en muchos países todavía son condenadas a la pena de muerte, han llegado hasta el siglo XXI más fuertes y poderosas que nunca. Hoy el Libro de las Sombras se archiva en formato digital, combinan sus rituales ancestrales con foros en Internet y servicios multimedia, y reivindican, con más fuerza que nunca, una filosofía de vida y un sistema de creencias que aboga por el respeto a la naturaleza, el pensamiento mágico y la igualdad de todos los géneros y especies. Son las brujas del Siglo XXI. Más de 200 millones en todo el mundo…


La Real Academia Española de la Lengua (RAE) define la brujería como el “Conjunto de prácticas mágicas o supersticiosas que ejercen los brujos y las brujas”. En cuanto a que son las brujas la RAE concluye: 

“Persona a la que se le atribuyen poderes mágicos obtenidos del diablo; m. Hechicero supuestamente dotado de poderes mágicos en determinadas culturas; f. En los cuentos infantiles o relatos folclóricos, mujer fea y malvada, que tiene poderes mágicos y que, generalmente, puede volar montada en una escoba…”. 

Difícil encontrar una definición menos precisa y más errónea para un fenómeno social que sigue vivo en nuestros días. 

Mucho antes de que la Iglesia Católica, y en mayor escala las iglesias protestantes, etiquetasen a las brujas como adoradoras de Satán, en todas las culturas, a lo largo de toda la historia, existieron hombres y mujeres que mantenían una forma de espiritualidad, y unos conocimientos heterodoxos, aplaudidos y consultados por el pueblo, pero denostados, temidos y perseguidos por el poder. 

Podemos seguir su andadura desde el principio de los tiempos. A través del arte rupestre, los petroglifos prehistóricos y los vestigios arqueológicos. Desde que el hombre descubrió, incapaz de comprender el proceso de gestación, que la mujer era la diosa creadora de vida, la temió e intentó controlar ese poder mágico. Y esa persecución feroz y despiadada a la magia femenina, se contagió a todas las religiones de la historia. 

El conocimiento proscrito

En la Torá judía hay casi una decena de referencias explícitas a la condena de la brujería. Entre las más concretas: 

“No se hallará entre los tuyos quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique la adivinación, ni pronosticador, ni adivino, ni hechicero, ni encantador de animales, ni nigromante, ni yideonita, ni quien consulte a los muertos; porque abominable es para el Eterno todo aquél que hace estas cosas, y por causa de estas abominaciones el Eterno, tu Elohim, los destierra de delante de ti… “, (Deuteronomio 18:10-12); 

“Asimismo destruiré de tu mano las hechicerías, y no se hallarán en ti agoreros. Y haré destruir tus esculturas y tus imágenes de en medio de ti, y nunca más te inclinarás a la obra de tus manos”, (Miqueas 5:12-13); 

Y la contundente: “A la hechicera (o hechicero) no la dejarás vivir”, (Éxodo 22:17).

El Islam tampoco es tibio a la hora de condenar la hechicería: 


"Sepan que Salomón no cayó en la incredulidad, sino que fueron los demonios quienes enseñaban a la gente la hechicería y la magia que transmitieron los ángeles Harut y Marut en Babilonia. Ellos no le enseñaban a nadie sin antes advertirle: ‘Nosotros somos una tentación, no caigan en la incredulidad’. A pesar de la advertencia, aprendieron de ellos cómo separar al hombre de su esposa, aunque no podían perjudicar a nadie sin el permiso de Dios. Lo que aprendían los perjudicaba y no los beneficiaba. Pero los hijos de Israel sabían que quien practicara la hechicería no tendría éxito en la otra vida. ¡Qué mal vendieron sus almas! Si supieran", (Corán 2:102).

Más contundente aún es la tradición islámica de los hadízes o “dichos del Profeta Mahoma” compilados por sus seguidores más cercanos: 

"Quienquiera que acuda a un adivino, vidente o pitonisa, y cree lo que le dice, esa persona ha descreído de lo que le ha sido revelado a Muhammad", (Abu Dawud); "Hacer a alguien o a algo copartícipe de Dios, practicar la brujería; matar un ser viviente, cuya vida ha sido declarada sagrada por Dios, sin justificación; practicar la usura, apropiarse indebidamente de la propiedad de un huérfano, huir durante una batalla, y calumniar a mujeres creyentes castas e inocentes", (Sahih Al Bujari, Sahih Muslim), etc.

Incluso el budismo reprueba las prácticas de brujería: 

“Mientras algunos ascetas y brahmanes, aunque se sostienen de la comida provista por sus seguidores, se ganan la vida de manera incorrecta, mediante el desarrollo de los artes bajos, como por ejemplo, profetizando una larga vida o prosperidad a través de la quiromancia, leyendo las marcas de las manos o pies de los niños, etc.; haciendo adivinanzas de los agüeros o signos; (…) invocando demonios en el cementerio, invocando espíritus, usando los encantamientos para alojarse en una casa de tierra, encantando a la serpiente, haciendo arte de los venenos, arte de los escorpiones, arte de los ratones, arte de las aves y arte del cuervo; prediciendo el número de años que van a vivir los hombres, haciendo encantos para rechazar las flechas y haciendo ruedas de los animales –él (el monje) se mantiene distante de semejantes artes bajos." , (Samannaphala Sutta, 56) 

Pues bien, a pesar de que todas las religiones del mundo condenan la brujería, y en la mayoría de ellas tradicionalmente se ha penado, y todavía se castiga, con la pena de muerte, las prácticas de brujería, esta heterogénea forma de conocimiento se ha mantenido hasta la actualidad, extendiéndose por todo el mundo como una forma de espiritualidad. Rebelde al poder, imbatible, en permanente evolución y expansión.




jueves, 9 de abril de 2020

LAS MIL Y UNA BRUJAS



El cine y la literatura, y también la RAE, nos han acostumbrado a la imagen de la bruja como una anciana desarrapada, malvada y fea. Tanto es así que la evolución filológica ha terminado por adoptar el término “bruja” como un sinónimo de mujer perversa. Pero de nuevo la lengua se equivoca. 


Desde la Wicca británica a la stregería italiana, pasando por la hechicería animista africana, el vudú haitiano, la Jewithery judía, el chamanismo asiático, las meigas gallegas, la tradición Feri, el nahualismo mexicano, el Cultus Sabbati, las sorginas vascas, el druidismo celta, la religión Asatrú,… la lista es inmensa. Son sistemas de conocimiento y tradiciones que han conseguido sobrevivir al Judaismo, al Cristianiamo y al Islam, y llegar hasta el siglo XXI manteniendo una filosofía de vida, y un sistema de creencias, rebelde y en constante adaptación y expansión. Tan difícil de definir como de exterminar.

A mediados de los años 60 el Dr. Serge Raynaud, fundador de la Gran Fraternidad Universal en Venezuela, se atrevió a calcular una cifra. En su opinión, unas 200 millones de personas practicaban una forma u otra de brujería en todo el mundo. 

El célebre antropólogo y folklorista Julio Caro Baroja, diferenciaba entre las brujas rurales y las hechiceras de ciudad, sin embargo, en el siglo XXI, y por primera vez en la historia, incluso las brujas del pueblo más pequeño y remoto de la geografía tienen acceso a los mismos conocimientos que las hechiceras urbanitas a través de la revolucionaria globalización de la información: Internet. 

Nos reunimos con el médico e investigador Manuel Berrocal, Presidente de la Sociedad Española de Parapsicología y miembro de la Sociedad Española de Antropología y Tradiciones Populares en su casa en un céntrico y castizo barrio de Madrid. Allí podemos observar que custodia una de las mejores bibliotecas sobre brujería del país. 

"La brujería de ciudad –declara Berrocal-, o del siglo XXI, es una readaptación. Se acerca más a una filosofía de vida o una religión personalista que a un cuerpo dogmático de creencias religiosas. Esa filosofía la puedes proyectar sobre unas entidades espirituales como son los antepasados, la madre tierra, los espíritus de la naturaleza… y a esas entidades les pones un nombre en función de tu contexto cultural. Si eres wiccana usarás los dioses celtas; si eres de tradición griega, usaras dioses griegos; si eres asatru, usarás los dioses nórdicos… "

En opinión del veterano médico e investigador: 

"Su concepción del mundo es totalmente diferente de la nuestra… Las religiones de Libro nos enseñan a pensar que el mundo, las plantas, los animales, la naturaleza, está hecha para nuestro servicio y disfrute. Pero el mundo existe mucho antes de que exista el hombre. Y ese sentimiento chamánico de la brujería, en comunión con la naturaleza, es muy diferente”. 


Sin embargo la tradición no es incompatible con la modernidad.

“Antes nuestro Libro de las Sombras se redactaba en papel. Era una especie de diario del Coven. Ahora hay tanta información que hablamos de forma coloquial del Pendrive de las Sombras, porque lo almacenamos en formato digital." 

Quien pronuncia esta frase durante nuestra entrevista es Gaia Soler, bruja y Suma sacerdotisa de un Coven de Wica en Madríd… y productora de Televisión Española de profesión.

Como ocurre con los babalaos de la Regla de Ocha o Santería cubana, los sacerdotes afrocubanos que manejan la “mano de Orula” almacenan en sus libretas de santero todos los conocimientos, rituales y ofrendas que realizan durante el ejercicio de su religión.

Según nos revela la sacerdotisa Gaia Soler: 

“con la brujería europea ocurre algo similar, nuestro libro de las sombras no es un libro inamovible, ya escrito, como la Biblia. Va enriqueciéndose día a día, como un diario. Cada conocimiento que adquieres sobre plantas, sobre hierbas, sobre movimiento de energías, sobre rituales, etc, lo va enriqueciendo. Por eso hablamos ahora del Pendrive de las Sombras -repite entre risas-. Todo lo que sabemos ya no cabe en un libro”.

Hasta finales del siglo XX las aspirantes a brujas, o brujos, debían consultar bibliotecas, acceder a viejos manuscritos, o intercambiar obras especializadas con otros iniciados en las religiones paganas. Pero en el siglo XXI existen comunidades de brujería OnLine, foros especializados en Internet, páginas web, listas de correo, grupos de Facebook o incluso aplicaciones para teléfono móvil. 

APPs como Witches Masterpost PT1 muestran las fases lunares, para la realización de los hechizos; una guía de plantas mágicas; una edición del Liber Umbrarum et Lux (El libro de las Sombras) y un glosario de términos wicca. Y es solo un ejemplo. 

Existen juegos de realidad aumentada para brujos, comunidades de brujería en Twitter, Instagram o Facebook, y millones de sites OnLine donde cualquier aspirante a iniciarse en el mundo de la brujería puede adquirir unos conocimientos básicos. Pero eso solo es el comienzo del viaje. 



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